La explosión del tráfico aéreo en 2025 empuja al límite la infraestructura de manejo de equipajes de los aeropuertos: en apenas seis meses se movilizaron 237 millones de viajeros en América Latina y el Caribe y, a escala global, el sector proyecta cerrar el año con 9 800 millones de pasajeros, obligando a terminales saturadas a modernizar sus sistemas para evitar pérdidas y retrasos.
La recuperación pospandemia del transporte aéreo ha superado las previsiones. El Consejo Internacional de Aeropuertos (ACI World) anticipa que 2025 terminará con 3,7 % más pasajeros que el año anterior, mientras que su capítulo regional, ACI-LAC, calcula un salto de 4 % que llevaría la cifra anual latinoamericana a 789 millones. Este repunte, celebrado por aerolíneas y operadores, expone las limitaciones tecnológicas y operativas de los sistemas de equipaje, algunos de los cuales datan de principios de siglo y operan con software propietario difícil de integrar.
La presión se siente especialmente en aeropuertos que ya funcionaban sobre el límite de su capacidad antes de la crisis sanitaria. Las cintas transportadoras, los lectores de etiquetas y los centros de inspección de seguridad deben procesar un volumen sin precedentes de maletas mientras cumplen protocolos de seguridad cada vez más exigentes y objetivos de sostenibilidad. El resultado, advierten los especialistas, es un cuello de botella que amenaza la puntualidad de los vuelos y, sobre todo, la experiencia del pasajero.
Según las cifras globales presentadas por ACI World el tráfico mundial alcanzará los 9 800 millones de pasajeros al cierre de 2025. En paralelo, la asociación regional indica que América Latina y el Caribe sumarán 789 millones, un máximo histórico que representa 4 % más que en 2024, de acuerdo con ACI-LAC. El dinamismo ya es tangible: en el primer semestre se registraron 237 millones de pasajeros en la región, según datos publicados por la Asociación Latinoamericana y del Caribe de Transporte Aéreo (ALTA) y citados por alta.aero.
Con este telón de fondo, los responsables de infraestructura aeroportuaria afrontan el reto de modernizar sin interrumpir operaciones. «La solución fundamental radica en transformar el enfoque hacia el manejo de datos y la integración tecnológica integral», subraya Melaine Ortola, especialista de Schneider Electric. Ortola sostiene que el marco de automatización universal basado en la norma IEC 61499, cuyo desarrollo es abierto y definido por software, facilita la convivencia entre equipos de distintos fabricantes y épocas, eliminando barreras que hoy generan cuellos de botella.
La heterogeneidad tecnológica es, de hecho, uno de los problemas más agudos. Muchos aeropuertos operan con sistemas de equipaje diseñados a la medida en la década de 2000 que dependen de protocolos propietarios. Si un motor falla o un lector de códigos se queda obsoleto, la sustitución exige costosas adaptaciones para no comprometer la certificación de seguridad. En ese escenario, la automatización abierta permite conectar nuevas cintas transportadoras, robots de carga, vehículos autónomos y software de inspección sin rediseñar toda la arquitectura.
Adoptar esa filosofía exige un plan de implementación gradual. Las terminales que funcionan 24/7 no pueden permitirse cierres prolongados; por ello, las pruebas piloto en áreas de menor tráfico se han convertido en la estrategia preferida. Se instala un módulo, se mide el rendimiento y, si funciona, se replica. El objetivo es mantener la operación mientras se reemplazan piezas críticas, como los sistemas de control lógico programable (PLC) que gestionan el flujo de maletas.
Los datos confirman que el coste de no actuar es alto. En 2024 se extraviaron 6,3 maletas por cada mil pasajeros, una mejora frente a las 6,9 del año anterior, pero todavía lejos de las 5,6 reportadas en 2019. Con casi 10 000 millones de viajeros previstos para 2025, cada décima adicional en la cifra de equipajes mal gestionados se traduce en millones de reclamaciones y compensaciones, sin contar el impacto reputacional para aerolíneas y aeropuertos.
Para revertir la tendencia, los operadores están desplegando tecnologías de trazabilidad basadas en radiofrecuencia (RFID), inteligencia artificial y gemelos digitales. Estos sistemas crean un «hilo digital» que acompaña a cada pieza de equipaje durante todo su recorrido: desde el mostrador de facturación hasta la bodega del avión y, posteriormente, la cinta de recogida. La información en tiempo real permite anticipar atascos, redistribuir la carga de trabajo y activar mantenimientos predictivos antes de que los fallos bloqueen el sistema.
La sostenibilidad añade una capa adicional de urgencia. Los aeropuertos figuran entre los mayores consumidores de energía dentro de la industria del transporte y, por ello, han fijado objetivos agresivos de reducción de huella de carbono. Las soluciones de automatización abierta, como EcoStruxure Automation Expert, integran módulos de eficiencia energética que permiten apagar motores inactivos, optimizar la climatización en salas de equipaje y recircular energía en cintas transportadoras, contribuyendo al mismo tiempo a la continuidad operativa.
Análisis e implicaciones
El crecimiento proyectado de 3,7 % a escala global y 4 % en América Latina implica que, a finales de 2025, los aeropuertos atenderán a una población equivalente a más del 120 % de la registrada antes de la pandemia. Sin una modernización acelerada, las terminales más pequeñas podrían convertirse en «cuellos de botella nacionales», afectando la conectividad regional y la competitividad del turismo. Por el contrario, los aeropuertos que avancen hacia sistemas abiertos y escalables no solo podrán absorber la demanda, sino que también estarán mejor posicionados para integrar innovaciones futuras, como la inspección automática con rayos X de alta velocidad o el uso de drones para la entrega de equipaje puerta a puerta.
En términos de inversión, los expertos estiman que la automatización universal reduce en hasta 30 % el coste de integración de nuevos equipos al eliminar la dependencia de licencias propietarias y consultorías a medida. Además, al habilitar el mantenimiento predictivo, se reducen paros no programados que hoy pueden costar cientos de miles de dólares en indemnizaciones y horas de trabajo perdidas.
El cambio no es solo tecnológico. Implica reformular contratos con proveedores, capacitar al personal en nuevas herramientas digitales y redefinir protocolos de seguridad que incluyan, por ejemplo, la firma electrónica de cada intervención en el sistema. La buena noticia para los usuarios es que, una vez superado el periodo de transición, los aeropuertos podrán ofrecer seguimiento en tiempo real de maletas desde aplicaciones móviles, disminuir los tiempos de espera en cintas y minimizar las pérdidas.
A la luz de las cifras de ACI World y ACI-LAC, la modernización ya no es una opción, sino un requisito para sostener el crecimiento de la aviación comercial. Si la industria logra implementar estándares abiertos y procesos interoperables antes de que finalice 2025, el aumento histórico de pasajeros podría traducirse en un salto cualitativo en la experiencia de viaje. De lo contrario, el sistema de equipaje, ese eslabón aparentemente invisible, corre el riesgo de convertirse en el talón de Aquiles de la recuperación aérea.
