Copenhague revela un ambicioso programa naval donde el gigante danés de transporte marítimo A.P. Moller–Maersk actualiza unas 200 embarcaciones que opera en régimen de fletamento por tiempo, un esfuerzo coordinado con 50 armadores para disminuir en un 35% las emisiones de gases de efecto invernadero de su flota antes de que termine la década. La iniciativa, presentada oficialmente esta semana, se enmarca en el objetivo corporativo de alcanzar la neutralidad climática en 2040.

El proyecto de modernización, que ya lleva más de 1.500 intervenciones técnicas completadas y otras 1.000 en curso, se apoya en un modelo de inversión compartida entre Maersk y los propietarios de los buques, según confirmaron voceros de la compañía. Las mejoras incluyen desde la sustitución de hélices y el rediseño de proas bulbosas hasta la instalación de sistemas de recuperación de calor residual, todo con el fin de reducir el consumo de combustible y las emisiones asociadas.

La alianza con medio centenar de armadores —que controlan el grueso de la capacidad naviera que Maersk fleta a medio y largo plazo— es vital para que la naviera pueda cumplir con la exigente hoja de ruta ambiental que presentó a inversores y reguladores. «Nuestra flota fletada representa una parte significativa de nuestras operaciones y consumo de combustible; modernizarla es la forma más rápida de avanzar en descarbonización», explicó Ahmed Hassan, director de Estrategia de Activos y Asociaciones Estratégicas de Maersk, durante la ceremonia virtual de lanzamiento.

A diferencia de los buques de nueva construcción propulsados por metanol verde en los que la compañía también invierte, el programa actual apuesta por alargar la vida útil de barcos ya existentes y adaptarlos a parámetros de eficiencia más estrictos. Ello permite una reducción inmediata de emisiones con un desembolso menor que el de encargar unidades totalmente nuevas y, al mismo tiempo, preserva la capacidad logística crítica de la empresa en rutas de alto tráfico.

Optimización técnica barco a barco

De acuerdo con los detalles divulgados por la compañía y recogidos por el medio especializado Energy Magazine, las intervenciones abarcan ajustes hidrodinámicos y reingeniería de sistemas de propulsión, entre ellos el reemplazo de hélices por modelos optimizados para velocidades de servicio más bajas, el rediseño de proas y la elevación de timoneras energymagazine.mx. Estos cambios atenúan la resistencia al avance y se traducen en una menor demanda energética.

En paralelo, se están instalando generadores de eje y sistemas de recuperación de calor que permiten aprovechar energía residual para alimentar equipos auxiliares, reduciendo las horas de uso de motores diésel de apoyo. La ganancia de eficiencia, calculada caso por caso, se sitúa entre 7% y 14% por buque, según cifras internas compartidas a los armadores.

Modelo de costos compartidos

La plataforma informativa Nación Logística detalla que, para incentivar la adhesión de los propietarios, Maersk comparte a partes iguales la inversión necesaria en cada proyecto de retrofit, un esquema que ha viabilizado la ejecución de los más de 1.500 proyectos concluidos hasta la fecha y los 1.000 adicionales previstos antes de 2027 nacionlogistica.com. Al asumir el 50% del gasto de capital, la naviera asegura que las mejoras se implementen con rapidez y que los ahorros de combustible beneficien a ambas partes.

Anda Cristescu, responsable de Fletamento y Nuevas Construcciones, subrayó que muchos de los buques implicados fueron diseñados a principios de la década pasada para navegar a velocidades superiores a las que hoy exige el mercado. «Reducir la velocidad máxima y actualizar la tecnología de propulsión genera un potencial de ahorro que no podemos desaprovechar», dijo en un comunicado interno.

Hoja de ruta climática

El programa de modernización de la flota fletada encaja dentro de la estrategia de sostenibilidad de Maersk, que aspira a ser cero emisiones netas en 2040. Para 2030, la naviera se ha fijado metas intermedias más concretas: reducir 35% sus emisiones directas de alcance 1 y 50% las de alcance 2, tomando 2022 como año base. El portal Diario del Puerto destaca que la compañía ve en la eficiencia de la flota existente un pilar imprescindible para cumplir ese plan, al complementarse con la introducción de combustibles alternativos en nuevas construcciones diariodelpuerto.com.

A fecha de hoy, la firma ha encargado más de 30 portacontenedores capaces de operar con metanol verde, pero su entrega se escalonará hasta 2028. «No podemos esperar a que lleguen los barcos nuevos; tenemos que reducir emisiones desde ya», insistió Ahmed Hassan.

Impacto operativo y geográfico

Las 200 naves seleccionadas navegan principalmente en rutas Asia-Europa y Transpacífico, áreas que concentran la mayor parte del tráfico de contenedores global y, por tanto, el mayor potencial de ahorro de combustible. El menor consumo previsto, además de recortar emisiones, aliviará la exposición de la compañía a la volatilidad de los precios del búnker y a los futuros mecanismos de tarificación del carbono.

La modernización también incrementará la capacidad de peso muerto en algunos buques, gracias a ajustes estructurales y a la sustitución de sistemas de amarre por opciones más ligeras. Esa mejora de tonelaje, según Maersk, contribuirá a reducir aún más la huella de carbono por contenedor transportado.

Reacción del sector

Analistas de la Organización Marítima Internacional (OMI) consultados en foros sectoriales coinciden en que la estrategia de Maersk refuerza la tendencia de «retrofits inteligentes» que gana tracción desde 2022. Aunque la OMI elevó en julio de 2023 su ambición climática —intensificando la presión regulatoria sobre las navieras—, las directrices técnicas aún dejan margen para que cada operador decida cómo y cuándo reconvertir sus unidades.

«Cuando una empresa con la cuota de mercado de Maersk adopta estas medidas, genera un efecto dominó: los fletadores y los armadores más pequeños se ven exigidos a copiar el modelo para seguir siendo competitivos», apuntó un consultor de transporte que pidió anonimato al no estar autorizado a hablar en nombre de clientes.

Finanzas y retornos

Aunque Maersk no ha revelado la inversión total, estimaciones de bancos de inversión sitúan el coste medio de las actualizaciones entre 1,5 y 3 millones de dólares por buque, dependiendo de la magnitud de las reformas. La empresa espera recuperar la mitad de ese desembolso en un plazo de tres a cinco años gracias a la reducción del consumo de búnker y a posibles incentivos fiscales vinculados a la descarbonización.

De materializarse la reducción del 35% de emisiones propuesta, la naviera evitaría la liberación de más de 4 millones de toneladas de CO₂ equivalente entre 2025 y 2030, tomando como referencia los niveles operativos actuales asociados a la flota fletada implicada.

Perspectiva de integración digital

Otra vertiente menos visible del programa es la implantación de software avanzado de gestión de carga y planeación de rutas. Estos sistemas, según la compañía, permitirán armonizar la velocidad de navegación con horarios portuarios optimizados, reduciendo tiempos de espera y eliminando maniobras innecesarias. La digitalización complementa las mejoras físicas al atacar la ineficiencia operativa.

Análisis e implicaciones

El enfoque de Maersk refleja un cambio de paradigma en la industria: mientras los nuevos combustibles alternativos —metanol verde, amoníaco o hidrógeno— maduran técnica y comercialmente, las navieras no pueden permitirse la pasividad. La modernización de unidades en servicio ofrece ganancias inmediatas, mitiga riesgos regulatorios y mantiene en movimiento cadenas de suministro vitales.

Si la empresa logra demostrar que su modelo de costos compartidos es rentable y escalable, podría sentar un precedente para la adopción masiva de retrofits en otros segmentos, como el granelero o el de gas natural licuado, donde los ciclos de inversión son incluso más largos. No obstante, el desafío no se limita a la tecnología: requerirá alineación contractual para distribuir de manera transparente los beneficios de eficiencia entre fletadores, armadores y clientes finales.

Además, la estrategia añade resiliencia ante la futura implementación de impuestos al carbono o sistemas de comercio de emisiones en regiones como la Unión Europea. Reducir la intensidad de CO₂ por contenedor transportado no solo es un imperativo ambiental, sino también una ventaja competitiva tangible en un mercado donde los cargadores buscan socios logísticos que respalden sus propias metas ESG.

En suma, el programa de modernización de Maersk no es un mero ejercicio de actualización técnica; es una pieza central en la transición energética del transporte marítimo. Su éxito, medido en términos de recorte efectivo de emisiones y retorno financiero, podría acelerar la adopción de estándares más estrictos en toda la cadena logística global.

Fuentes