Ochenta pequeños agricultores de cuatro municipios de la región de Ñuble en Chile han obtenido credenciales oficiales tras completar cursos financiados por el gobierno sobre manejo de plaguicidas e inocuidad alimentaria, fortaleciendo su capacidad para cumplir con exigencias del mercado y normativas regulatorias mientras mejoran la calidad de frutas, verduras y productos procesados que comercializan.
La iniciativa, liderada por el Servicio Nacional de Capacitación y Empleo (SENCE) en coordinación con la oficina regional del Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP), reunió a productores y elaboradores de alimentos de Bulnes, Trehuaco, Cobquecura y Pemuco en dos programas de corta duración que combinaron instrucción teórica con práctica. Al ofrecer capacitación certificada gratuita cerca del hogar, las agencias buscan fortalecer empresas agrícolas familiares que sustentan economías locales y ayudar a trabajadores rurales a competir en cadenas de suministro formales que exigen cada vez más habilidades documentadas.
El impulso por profesionalizar la agricultura pequeña llega en un momento en que consumidores chilenos y compradores exportadores demandan controles más estrictos sobre el uso de químicos y normas más rigurosas de manipulación de alimentos. Funcionarios señalan que capacitar a productores para demostrar competencia en estas áreas es crucial para mantener la reputación regional de productos seguros y de calidad, atraer mejores precios y abrir puertas a programas de compras públicas.
El curso de 32 horas sobre manejo de plaguicidas, impartido en Bulnes por la firma capacitadora Desert Capacitaciones, cubrió normativas vigentes que rigen agroquímicos, protocolos de seguridad laboral y estrategias de manejo integrado de plagas diseñadas para reducir impacto ambiental. Veinte participantes ganaron la distinción dual de diploma SENCE y la credencial emitida por el Servicio Agrícola Ganadero (SAG) que los autoriza formalmente como aplicadores certificados de plaguicidas, acreditación que muchas cadenas de supermercados y empacadores exportadores ahora exigen antes de recibir cosechas.
Un segundo módulo enfocado en inocuidad alimentaria y normas de manufactura llegó a 60 participantes en Trehuaco, Cobquecura y Pemuco. Facilitado por Copeval S.A., el programa de 20 horas guió a asistentes a través de buenas prácticas de manufactura, legislación sanitaria y procedimientos de control de riesgos diseñados para minimizar contaminación desde la cosecha hasta la exhibición minorista. Los egresados obtuvieron diploma SENCE más kits de herramientas—ropa sanitaria, termómetros y materiales de registro—para aplicar inmediatamente sus nuevas habilidades en cocinas de granjas y mercados callejeros.
Para el trabajador agrícola Ronald Burgos, la decisión de asistir a clases después de jornadas largas en el campo requirió sacrificio personal pero generó recompensas tangibles. «En el campo el trabajo no se detiene cuando llueve o cuando estás cansado», comentó a sus compañeros en la ceremonia de cierre. «Elegir estudiar de todas formas demuestra que queremos hacer las cosas bien y que tenemos ambiciones profesionales, aunque estemos lejos de la ciudad».
La directora regional de SENCE, Leandra Macías, subrayó ese punto al llamar a la capacitación «una herramienta fundamental para mejorar la empleabilidad y fortalecer procesos productivos». Explicó que el programa, financiado a través de Transferencias del Sector Público, un mecanismo interno de SENCE que canaliza fondos nacionales de capacitación hacia socios específicos del sector, fue diseñado en consulta con INDAP para que el contenido de los cursos coincidiera con las realidades cotidianas de granjas familiares pequeñas.
Fernanda Azócar, directora regional de INDAP, agregó que elevar niveles de habilidad finalmente eleva la producción. «Cuando un productor puede demostrar uso seguro de plaguicidas o manejo seguro de quesos y mermeladas, no es solo un certificado en la pared», expresó. «Es acceso a mejores mercados, cumplimiento de leyes y mayor seguridad alimentaria para las familias que viven de la agricultura».
Las dos agencias han colaborado anteriormente, pero esta edición marcó la primera vez que una cohorte única pudo obtener tanto certificación SAG de plaguicidas como credenciales de inocuidad alimentaria en un esfuerzo coordinado. De acuerdo con un comunicado oficial de SENCE publicado el 1 de enero de 2026, campesinos de Ñuble que completan tales cursos «aseguran calidad de sus productos» y se posicionan para nuevas oportunidades empresariales Servicio Nacional de Capacitación y Empleo.
La financiación para aranceles, materiales de curso y kits de graduación provino íntegramente de SENCE, eliminando una barrera común para productores de bajos ingresos. También se minimizaron distancias de desplazamiento alojando sesiones en pueblos pequeños en lugar de Chillán, la capital regional, donde se ubican la mayoría de centros de capacitación formales. Macías señaló que este modelo descentralizado pretende replicarse en otras regiones donde trabajadores agrícolas luchan por dejar ganado, cosechas y responsabilidades familiares para programas de varias semanas en áreas urbanas.
Los egresados variaron en edad desde vendedores de verduras de principios de los veinte hasta apicultores y procesadores de lácteos jubilados. Muchos venden directamente en ferias libres municipales o por venta callejera, lo que significa interactuar diariamente con consumidores que cada vez más piden prueba de manipulación higiénica. Otros suministran materias primas a cooperativas o pequeñas empacadoras que enfrentan requisitos de auditoría que descienden desde clientes exportadores. Ambos grupos se benefician de las nuevas credenciales, válidas en todo el país.
Los técnicos de INDAP ahora darán seguimiento a participantes para ayudarles a aplicar planes de rotación de plaguicidas, actualizar registros de campo y rediseñar espacios de procesamiento de alimentos para cumplir con diseños de mejores prácticas enseñados en clase. Además, los egresados tienen acceso a subsidios de «capital semilla» posteriores a la capacitación para compras de equipos pequeños—como boquillas de aspersión protegidas o mesas de acero inoxidable—siempre que presenten un plan empresarial que haga referencia a conceptos aprendidos durante el curso.
Macías enfatizó que la capacitación basada en evidencia es central en la misión más amplia de SENCE. La agencia da seguimiento a egresados durante al menos un año para medir cambios en ingresos y estabilidad laboral. Datos tempranos de cohortes anteriores muestran aumentos de ingresos del 15 a 20 por ciento entre agricultores que obtuvieron licencias de aplicador SAG; sin embargo, cifras comparables para el módulo de inocuidad alimentaria no estarán disponibles hasta el próximo ciclo de monitoreo.
Azócar, cuya oficina administra líneas de crédito y asistencia técnica para granjas familiares, ve correlación directa entre capacitación y desempeño de préstamos. «Productores que toman estos cursos están mejor preparados para cumplir los hitos que establecemos en nuestros programas de inversión», comentó. «Eso reduce riesgo y libera recursos para alcanzar aún más familias».
Si bien el programa recibió elogios alrededor del día de graduación, participantes y funcionarios reconocieron desafíos persistentes. Los residuos de plaguicidas están bajo escrutinio creciente, y reguladores están eliminando varios ingredientes activos comúnmente usados en huertos de Ñuble. Simultáneamente, protocolos de exportación más estrictos para bayas y verduras de hoja verde exigen sistemas de trazabilidad que pequeños productores frecuentemente encuentran costosos. La capacitación, sostienen, es solo el primer paso; soporte técnico continuo y herramientas de monitoreo asequibles serán esenciales para que los egresados mantengan cumplimiento.
Análisis y Perspectiva
La iniciativa de Ñuble ilustra el cambio de Chile hacia el desarrollo de habilidades basado en competencias como piedra angular del desarrollo rural. Al alinear currículos con normas aplicables—la licencia de aplicador de plaguicidas SAG y regulaciones de salud para manufactura de alimentos—SENCE e INDAP apuestan a que la transferencia de conocimiento puede traducirse directamente en acceso al mercado. El enfoque refleja tendencias de política nacional que favorecen certificación sobre conversaciones de extensión generalizadas, reflejando creencia de que habilidades documentadas tienen mayor valor económico.
Si estas micro-credenciales escalarán depende de financiamiento sostenido y capacidad de capacitadores locales. Si cohortes anuales permanecen limitadas a unos pocos docenas de agricultores, los aproximadamente 20,000 registrados de granjas familiares de la región podrían esperar años por un cupo. Por otro lado, éxitos tempranos pueden convencer a municipios de co-financiar clases adicionales, especialmente si egresados reportan ventas más altas o aseguran contratos de suministro con programas de comidas escolares que requieren vendedores certificados.
Por ahora, los 80 nuevos egresados representan un hito tangible aunque modesto. Regresan a sus invernaderos, apiarios y cocinas caseras equipados no solo con certificados sino con herramientas prácticas y confianza renovada—componentes tan importantes como subsidios o nuevas variedades de semillas en la construcción de empresas rurales resilientes y competitivas.
Fuentes
- https://sence.gob.cl/personas/noticias/campesinos-de-nuble-se-capacitan-con-sence-para-asegurar-calidad-de-sus-productos
