Ambos proyectos cuentan con financiamiento confirmado a través del Fondo de Transición Nuclear de ACCIÓ, dependiente de la Generalitat de Cataluña

Enfoque de decisión

En junio de 2026, la Federación de Cooperativas Agrarias de Cataluña (FCAC) presentó los resultados de dos estudios industriales —Innosansa e Indusanva— que trazan el camino técnico y económico para valorizar el orujo de aceituna a escala industrial compartida. La señal operativa no es exclusivamente agrícola: es un modelo de infraestructura industrial cooperativa que convierte un pasivo de gestión de residuos en una línea de producto con mercados identificados. Para gerentes de planta en procesamiento de alimentos, la estructura del modelo importa más que la materia prima específica.

Resumen en 90 segundos

Hoy, el proyecto Indusanva evaluó 13 alternativas de valorización y concluye que se requiere una planta de secado cooperativa con capacidad para 10.000 toneladas anuales, diseñada para absorber un volumen agregado de 46.000 toneladas al año del conjunto de cooperativas participantes. En paralelo, Innosansa identificó los productos con mayor potencial: extractos de polifenoles, aceites de orujo, biofertilizantes, bioestimulantes y proteínas con aplicaciones agroindustriales y farmacéuticas. Ambos proyectos cuentan con financiamiento confirmado a través del Fondo de Transición Nuclear de ACCIÓ, dependiente de la Generalitat de Cataluña. La planta tendría ubicación preferente en las comarcas de Les Garrigues, el Segrià o la Ribera d’Ebre.

¿Qué está pasando realmente?

El orujo de aceituna era, hasta hace poco, un problema logístico y ambiental para las almazaras cooperativas: un subproducto húmedo de difícil almacenamiento, con valor energético limitado si no se seca, y con costos de disposición que comprimían el margen operativo por tonelada producida.

Lo que los proyectos Innosansa e Indusanva demuestran es que la restricción no era técnica sino de escala e infraestructura. Ninguna cooperativa individual genera volumen suficiente para justificar la inversión en secado industrial, extracción de polifenoles o producción de biofertilizantes. El conjunto de cooperativas catalanas, en cambio, genera 46.000 toneladas anuales, una cifra que transforma completamente la ecuación económica.

La solución diseñada es una planta industrial compartida que concentra el procesamiento, estandariza la calidad del material tratado y abre acceso a mercados que hoy están cerrados para operadores individuales. El Espacio de Innovación en la Gestión del Orujo, principal conclusión del proyecto Innosansa, funcionará como laboratorio de validación tecnológica y como puente entre investigación aplicada y el tejido cooperativo. Tiene financiamiento asignado y se plantea ejecución por fases para mantener la inversión inicial dentro de rangos asumibles.

¿Por qué importa para Gerentes de Planta?

El patrón que emerge de Cataluña no es exclusivo del olivar. En la industria alimentaria latinoamericana —procesamiento de frutas tropicales, producción de aceites vegetales, industria azucarera, producción cárnica— los gerentes de planta gestionan diariamente subproductos cuyo costo de disposición se contabiliza como pérdida: bagazo, vinaza, subproductos proteicos, lodos de proceso, cáscaras, huesos, aguas residuales con carga orgánica aprovechable.

El modelo catalán plantea tres implicaciones directas para cualquier gerente de planta en procesamiento de alimentos:

La lógica de volumen agregado cambia la viabilidad. Una planta individual raramente genera el volumen necesario para sostener una línea de transformación de subproductos. Pero una red de plantas en la misma región, o bajo el mismo corporativo multi-sitio, puede alcanzar ese umbral. El dato de 46.000 toneladas anuales como masa crítica es un benchmark operativo relevante, no solo un dato local español.

La inversión por fases reduce la barrera de entrada. Indusanva estructura la planta con una lógica de escalabilidad: arrancar con secado —la inversión mínima viable— y abrir opciones de mayor valor añadido en fases posteriores. Para un gerente de planta que necesita justificar CAPEX ante dirección general, esta arquitectura de entrada progresiva es directamente transferible como argumento de presentación.

Los bioproductos tienen mercado activo, no potencial teórico. Extractos de polifenoles, bioestimulantes y biofertilizantes tienen demanda confirmada en mercados agroindustriales y farmacéuticos. El estudio Innosansa no creó estos mercados, los mapeó desde productos ya comercializados. La pregunta para un gerente de planta en Latinoamérica no es si existe mercado para los bioproductos de su subproducto, sino si dispone del análisis técnico para identificar qué fracciones tienen valor extractable y a qué costo.

Perspectiva a futuro

Si el modelo catalán avanza hacia construcción en los próximos 12 a 18 meses, el sector oleícola español generará un caso de referencia con datos reales de operación: costos de secado por tonelada, precios de mercado para bioproductos y tasas de recuperación de fracciones específicas. Esa base de datos será directamente utilizable por cualquier operador de planta que quiera construir una evaluación equivalente para sus propios flujos de subproducto.

Un segundo frente a monitorear es la disponibilidad de instrumentos de financiamiento público para proyectos de valorización industrial. El Fondo de Transición Nuclear catalán es un mecanismo específico de España, pero su lógica —fondos públicos para proyectos cooperativos de economía circular— tiene equivalentes en marcos de financiamiento verde que están creciendo en varios países latinoamericanos. Los gerentes de planta con acceso a cámaras industriales o asociaciones sectoriales deben verificar si existen convocatorias activas o en diseño en sus jurisdicciones.

Fuentes

  • Mercacei — Las cooperativas oleícolas catalanas impulsarán el Espacio de Innovación en la Gestión del Orujo | Mercacei (Link)